viernes, 16 de enero de 2015

RETIRO I, DESPERTANDO A LA VIDA.




     Un año más la Casa de la Iglesia recibió a un nutrido grupo de jóvenes de 4º de ESO para vivir el Retiro de 1ª Etapa que lleva por título "Para despertar a la vida". Es muy difícil explicar lo que es y significa esta experiencia, hay que vivirla para llegar a entender lo que se siente;  estoy convencido de que todos los que lo habéis vivido me daréis la razón. 

     Lo que es  es aún más ambicioso y complicado es intentar en unas pocas líneas transmitir siquiera una somera idea de estos días.

     Las palabras quedan huecas ante el gran regalo que supone formar parte de esta actividad en la que la sorpresa es una constante año tras año. Unos chicos de quince años, como otros muchos en un principio, pero que logran sacar tanto de su interior, evocando momentos de su historia, corta en años, pero rica en vivencias y sentimientos. 

    Podríamos pensar quizás, que son momentos emotivos y eso les hace tan especiales, la emoción es un factor , si, pero el menos importante, un mero envoltorio de los momentos...

     El hecho de pasar unos días fuera de casa  compartiendo vivencias con los amigos, parecería otro punto a considerar según muchos, pero, nuevamente,  es mucho más que eso, hay que llegar más adentro para encontrar la esencia.

   Otro factor que todos fácilmente tendremos en mente es la importancia del grupo, del conocimiento personal y grupal, de reconocerse en el otro y sentirse identificado con él, de compartir su alegría y su dolor..., sin embargo, hay mucho más que  solidaridad, camaradería y empatía.

      Podemos intuir que el hecho de la reflexión, de bucear dentro de cada uno, aporta una experiencia nueva y que esa búsqueda ayuda a crecer, sin lugar duda, a los que la emprenden.

    Todos los mencionados son factores que suman, pero que no pueden explicar la experiencia, quizás lo más que se acerque sea el concepto de "regalo", de "don", algo que se nos da gratuitamente y seguramente no seamos merecedores de ello. En pocos días vemos muchas "Ave Fénix" resurgir radiantes de sus cenizas, descubrimos dentro de cada uno de los jóvenes verdaderos tesoros, nos interpela su búsqueda, la ternura de sus gestos, la bondad, la expresividad de sus palabras, la grandeza de sus triunfos en luchas, a veces tan desiguales que, siendo tan jóvenes, les ha tocado ya vivir. La sorpresa siempre presente, el asombro y el respeto hacia ellos que sientes viéndoles tan valientes. El testimonio de su búsqueda incesante de Dios, de la Verdad liberadora en sus vidas, de la Fuente de agua de vida que es capaz de calmar la sed. Y ahí, aparece Él, siempre joven, pujante, con el soplo bendito del Espíritu. Le reconoces en sus caras, le descubres en sus miradas que te lo muestran de forma diáfana y clara y ahí le encuentras, mejor, te reencuentras con él cuál discípulo de Emaús que le ve fraccionando el Pan.

     Oír su testimonio limpio y directo, sin ambages, en las palabras llanas y sinceras de un niño, un adolescente, un joven que en ese momento le muestra y te describe el Sentido profundo de la Vida, redescubriéndote a ti, un adulto, un mayor, un hombre maduro, el camino expedito hacia el Reino. Dios les bendiga.